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Reflexiones COVID-19. Las Facultades miran hacia el futuro (Tribuna Complutense)

21 MAY 2020 - 11:13 CET

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EL CORONAVIRUS DESDE LA ÓPTICA DE LA OPTOMETRÍA

Por JUAN GONZALO CARRACEDO RODRÍGUEZ

Vicedecano de Clínica
Departamento de Optometría y Visión 

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El coronavirus lo ha invadido todo. Da igual donde focalicemos nuestra mirada, ese lugar, esa conversación, ese pensamiento, todo se ha impregnado de una realidad que nunca habríamos imaginado. Y la Optometría como ciencia que estudia la visión, pero sobre todo como profesión sanitaria, no iba a ser menos inmune a los cambios que sufrimos desde marzo. Ni tan siquiera a la incertidumbre de los próximos meses o años. Muchos estábamos ensimismados en la pandemia de la miopía, y ha llegado otra con más virulencia y agresividad para nuestra forma de vivir que, debido al confinamiento que nos ha obligado a cumplir, probablemente afectará a la visión y aumentará la sintomatología de sequedad ocular. Tanto tiempo teletrabajando, tele estudiando y tele jugando seguro que tendrá un efecto sobre nuestras capacidades visuales. Habrá que estudiar el aumento de la miopía en niños durante el próximo año.

Es indudable el impacto académico que ha tenido esta pandemia. De repente en una fecha tan señalada para la sociedad española, el 11 de marzo, se paraliza indefinidamente la docencia en la Universidad. Y comenzamos un proyecto nuevo: Transformar nuestra docencia a un formato virtual que impida que nuestros alumnos pierdan todo contacto con sus estudios. Las titulaciones que se imparten en la Facultad de Óptica y Optometría son eminentemente prácticas lo que hace que este nuevo proyecto se convierta en un desafío. Como profesión sanitaria, la práctica clínica es básica para que los presentes alumnos se conviertan en futuros profesionales de la visión con todas sus competencias correctamente adquiridas. Y ahí reside, a la vez, nuestro hándicap y nuestra moti­vación. Tarea compleja no solo durante este periodo que queda del curso 2019-2020 sino para los cursos académicos venideros. Pero este coronavirus no solo nos ha traído complejidad y problemas que resolver en nuestra Facultad. También nos ha mostrado la capacidad de todos los que formamos esta isla apartada de bullicio de Ciudad Universitaria de unirnos y remar en la misma dirección. Atrás han quedado las diferencias de criterio y las posiciones más personales. Si hay algo con lo que sin duda me quedo es con la capacidad de trabajo y de predisposición general para ayudar mostrada por todos en la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense de Madrid.

Pero como se ha mencionado en el primer párrafo, el impacto del coronavirus no solo es docente, incluso quizás podamos aseverar que es el menos afectado de los elementos que conforman la Op- tometría. Las prácticas clínicas esenciales del último curso de Grado se han programado para ser presenciales en septiembre, siempre que las condiciones lo permitan, tomando todas las medidas de distanciamiento social e higiene adecuadas para salvaguardar la salud de los alumnos y docentes. La mayor problemática viene en la práctica de nuestra profesión y en el servicio asistencial que se requiere en una consulta de optometría. Un correcto servicio de atención al paciente de optometría lleva implícito una distancia de trabajo que, la mayor parte del tiempo de consulta es menor que la distancia de seguridad recomendada. El riesgo de contagio, por tanto, es elevado entre los ópticos-op- tometristas, ya trabajen en hospitales, clínicas o en establecimientos de óptica. El mero hecho de graduar la vista al paciente o de evaluar la superficie ocular con la lámpara de hendidura ya precisan de adecuar unos nuevos protocolos a la situación que vivimos. El uso de mascarillas quirúrgicas o FFP2, el uso de guantes, pantallas faciales, gel hidroalcohólico, citas previas espaciadas sin sala de espera, ... enormes cambios en nuestra forma habitual de trabajar que hay que implementar en tiempo récord. Cambios necesarios y extremos en los días que vivimos pero que muy probablemente se relajarán con el tiempo. O así lo espero. Que en el futuro nos quedemos con aquellos que nos ayuden a mejorar la atención a nuestros pacientes como la higiene de manos y la desinfección. No me imagino trabajado con mascarilla o mascara facial el resto de la vida.

Otro aspecto destacable del impacto del coronavirus en nuestra profesión ha sido, y es, la desinfor­mación, y especialmente la relativa a las lentes de contacto. Aparece un artículo científico publicado en el mes de febrero en el que se presenta la conjuntivitis como uno de los síntomas del COVID-19 (a pesar de que solo el 0,8% de los pacientes la presentaban)[1]. Este trabajo unido a otro que relata los tiempos que puede permanecer el coronavirus en superficies inertes como el caucho de silicona desata una corriente de información contraindicando el uso de la lente de contacto por riesgo de contagio de coronavirus[2]. El miedo al coronavirus es capaz de llegar a recomendar la desinfección de las lentes de contacto durante 6 horas con peróxido de hidrógeno cuando existen recomenda­ciones de desinfección de otros fómites con peróxido de hidrógeno 6 veces menos concentrado durante solo un minuto. La evidencia científica previa al coronavirus nos muestra claramente que la desinfección de las lentes de contacto y su uso es seguro incluso ante patógenos más resistentes que el coronavirus. Entonces, ¿qué provoca tal desinformación? Un cóctel de exceso de “evidencia” científica no contrastada junto a la búsqueda del titular informativo más impactante, aderezado de unas gotitas de miedo al coronavirus. Debemos reflexionar como docentes e investigadores y enseñar a nuestros alumnos, y a su vez divulgar a toda la sociedad, que un artículo científico no es suficiente para crear evidencia científica. Y sobre todo que en estos tiempos de coronavirus en los que sobre este asunto se han publicado casi 10.000 artículos en menos de 5 meses, la mayoría como pre-proof sin pasar por revisiones por pares, es indispensable leer con mucho espíritu crítico y poner en cuarentena (que mejor momento para hacerlo) cualquier conclusión que obtengamos.

En definitiva, esta crisis del coronavirus tiene que hacernos crecer como docentes y como pro­fesionales. Como docentes esta crisis nos está enseñando otras vías de enseñanza, reinventando a pasos agigantados, y a veces trastabillados, nuestras asignaturas y la manera de impartirlas. Como profesionales de la optometría, aprovechemos este momento para prepararnos para el futuro en el cual probablemente nuestra labor como profesional sanitario sea más visible para la sociedad que en la actualidad.

El ojo ve sólo lo que la mente está preparada para comprender. Henri Louis Bergson 1,2



[1] Seah I, Agrawal R. Can the Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) Affect the Eyes? A Review of Coronaviruses and Ocular Implications in Humans and Ani­mals. Ocular Immunology and Inflammation. 2020; 16:1-5.

[2] Kampf G., Todt D., Pfaender S., Steinmann E. Persistence of coronaviruses on inanimate surfaces and their inactivation with biocidal agents. Journal of Hospital Infection 104 (2020) 246-251.

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